¿Cuantos de nosotros, yo incluido, hemos perdido el rumbo, ya no estamos atentos al mundo en que vivimos, no nos importa, no protegemos lo que Dios creó para todos y terminamos siendo incapaces hasta de cuidar unos de otros?! Y cuando la humanidad en su conjunto pierde el rumbo, se producen tragedias como esta que hemos presenciado [...]. Hay que hacerse una pregunta: ¿quién es el responsable de la sangre de estas hermanas y hermanos nuestros? ¡Nadie! Esa es nuestra respuesta: "no he sido yo, yo no tengo nada que ver con ello, deben de haber sido otros, pero no yo, desde luego...". Hoy nadie en nuestro mundo se siente responsable; hemos perdido el sentido de la responsabilidad hacia nuestros hermanos y hermanas [...]. La cultura de la comodidad, que hace que pensemos solamente en nosotros mismos, nos vuelve insensibles a los gritos de otras personas, nos hace vivir en pompas de jabón tan lindas como insustanciales; nos brinda una ilusión pasajera y vacía que trae tras de sí la indiferencia hacia otras personas; de hecho, conduce incluso a la globalización de la indiferencia. En este mundo globalizado, hemos caído en la indiferencia globalizada. Nos hemos acostumbrado al sufrimiento de otras personas: "no me afecta, no me concierne, ¡no es asunto mío!".
Fragmento del discurso del papa Francisco en su visita a Lampedusa . 8 de junio de 2013 (en bauman, extraños llamando a la puerta)
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